Otro día pasa, otro día que mi locura se vuelve más latente.
He llegado a pensar que mi encierro es solo mental, no lo sé, tal vez mi insanidad me juega una mala pasada o tal vez la realidad quiere que mi pasar por esta lúgubre mansión enrrejada sea un poco mas llevadero o digno. Solo Ella sabe por qué estoy aquí y por qué mi insanidad va cada día más allá a los confines de los reinos oscuros, donde muy pocos han ido y no han podido regresar cuerdos de aquellos parajes oscuros de la mente humana. Definitivamente no quiero ir allí, pero Ella me tiene así.
Ustedes, ahora, se preguntarán por qué soy un condenado, pues bien, ni siquiera yo sé por qué estoy aquí, privado de la luz del sol y con una comida que hasta las ratas más hambrientas dejarían de lado. Tal vez luego, espero, pueda descubrir que me tiene encerrado aquí.
sábado 21 de noviembre de 2009
viernes 20 de noviembre de 2009
Capítulo 1: El Condenado
Preso en esta carcel me encuentro sin saber cual es el es crimen que me tiene prisionero. He decidido comenzar a escribir para alejar mi insanidad, aunque sea un poco, para poder desahogarme de esta angustia que me carcome día a día.
Tal vez las bombas, balas y asesinatos de un infierno tan grande como uan guerra hayan dejado secuelas en mi psique. O quizás haya sido Ella la que me condujo a este lugar. ¿Quién sabe? Yo, por mi parte, solo puedo recordar muy poco de lo que me ha pasado y no es porque tenga mala memoria, sino que simplemente he perdido la capacidad de recordar. Es por esto que me he decidido a escribir mis angustias, alegrías y pesares en algunas de las hojas que he encontrado por aquí y por allá o que por casualidad me entregan mis carceleros para mantenerme consciente y para quedarme tranquilo y no molestarlos más de la cuenta.
Esto lo hago, no para mí, pues para cuando usted esté leyendo esto mi diario ya estará completo y yo en el otro mundo, esperando la redención, sino para que los que me lean consigan internalizarse y comprender que pasa por la mente de un condenado.
¿Condenado?
Tal vez las bombas, balas y asesinatos de un infierno tan grande como uan guerra hayan dejado secuelas en mi psique. O quizás haya sido Ella la que me condujo a este lugar. ¿Quién sabe? Yo, por mi parte, solo puedo recordar muy poco de lo que me ha pasado y no es porque tenga mala memoria, sino que simplemente he perdido la capacidad de recordar. Es por esto que me he decidido a escribir mis angustias, alegrías y pesares en algunas de las hojas que he encontrado por aquí y por allá o que por casualidad me entregan mis carceleros para mantenerme consciente y para quedarme tranquilo y no molestarlos más de la cuenta.
Esto lo hago, no para mí, pues para cuando usted esté leyendo esto mi diario ya estará completo y yo en el otro mundo, esperando la redención, sino para que los que me lean consigan internalizarse y comprender que pasa por la mente de un condenado.
¿Condenado?
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